domingo, 5 de mayo de 2013

Boda y Cruces en Granada

Jugada maestra al cambiar el miércoles 1, día del trabajador, por el viernes 3, para pasar un fin de semana de tres días en mi añorada Granada.

A las 12.35 entramos por la entrada de Neptuno y comienzan a aflorar los recuerdos mientras cruzamos por Camino de Ronda, junto a la vieja y abandonada gasolinera, y nos dirigimos al Hotel, sito en la calle Navas, esquina con la plaza del ayuntamiento...No tardamos mucho en soltar las maletas y dar un paseo por los alrededores: Plaza Bibrambla con su bonita cruz, Puerta Real y su gentío, Recogidas y sus diversas tiendas...Tras cambiarnos y ponernos guapos pero informales, pillamos un taxi para dirigirnos rápidamente a la chumbera, especie de cueva y recinto situado en el sacromonte y desde el cual se pueden comtemplar una de las más bonitas vistas de la mágica Alhambra.




Después de perder el aliento durante varios segundos y hacer fotos sin descanso sale a saludarnos Jon, algo nervioso y contento al vernos en su segundo gran día. Son una veintena los "guiris" que melodean por el recinto, todos acompañados de una copa de agua (se ve que la noche granadina les estaba pasando factura) y colocados en filas a la espera de la novia y sus damas de honor...Como si de una princesa de cuento se tratase, Liz desciende por las escaleras al compás de "Here comes the sun" de Los Beatles, con su más que amplia sonrisa, mientras Jon la mira con los ojos del gatito de Shrek...esta es la segunda vez en un mes, pero ésta es más especial, es en un entorno de ensueño y en un ambiente mágico...

Justo después del "You can kiss to the bride" Juan, Laurenne, Afri y Ricardo llegan, Rosalía y yo respiramos aliviados al estar todos juntos y poder degustar por fin el menú elegido por los novios, eso sí después de tomar unas cervezas acompañadas de jamón y queso, como no español.

Son más de las 5 de la tarde y ya sabemos la disposición de las mesas, obviamente estamos los españoles juntos, Stephen y su mujer Dido, y  una simpatica pareja "Mr Aranda" muy parlanchín entre plato y plato, y su muy inglesa esposa...Ensalada, sorbete con hierba buena y un solomillo con chips caen rápidamente entre truenos y una incesante lluvia que, en contra de estropear el momento, da a la boda el toque de lo que es: An english wedding. Aunque para toque inglés el que dan los discursos, como si de una peli de Woody Allen se tratase, el hermanísmo y al más puro estilo Leo Harlem se mete al respetable en el bolsillo, dejando al mismísimo novio a la altura de sus brillantes zapatos!!

Comienza el desfile de gin tonics primero y whiskey con cocacola después, y escribo Whiskey con "e" porque el jameson es irlandés y no escocés, como bien aprendí en mi estancia en Belfast, allá por el verano de 2004...La música suena en la "cueva" y empezamos a bailar, o más bien a saltar y hacer el panoli con un sombrero cordobés, mientras los guiris siguen bebiendo cerveza sin parar, y es que ni con barra libre se separan de la rubia espumosa...Los antifaces y las caretas empiezan a tomar protagonismo de una manera desvergonzada y divertida, y entre carcajada y carcajada las poses y fotos se suceden.

Mi querida Rosalía está ya más que fatigosa, a pesar de que no se queja lo más mínimo, por lo que el siempre atento Ricardo pide unos taxis... algo tristones nos despedimos de los recién casados y nos bajamos a plaza nueva, las mujeres en un taxi y nosotros en otro con un taxista granaino de pura cepa que no para de decirnos, y no sin razón, que las universitarias están más buenas que la vin!!

Una vez fuera del taxi nos reunimos todos, y es a partir de este momento cuando ya solo estamos nosotros seis, las cruces y la ciudad...nos toca ser los grandes protagonistas.

La noche del viernes estaba ya casi finiquitda, pero debido a que ya hacía casi 7 horas del almuerdo decidimos tomar unas tapas, acompañadas de unas cañas (y no alrevés) para comentar algunas de las mejores jugadas. Las caras de las chicas y Juanito hacía indicar que la noche llegaba a su fin, pero Ricardo y yo decidimos darle una última oportunidad a la marcha granadina, tomando una última copa en el Granero, fue allí donde no pude evitar acordarme de mi querido primo Jorge, último pub que frecuentó en su última noche...

El sábado amanece soleado y resacoso por lo que nos dirigimos al famoso Café Fútbol a desayunar: Churros, croissants, tostadas de tomate, mantequilla y mermelada...el sol brillaba, un leve aire soplaba y una fuerte sensación de nostalgia y a la vez de plena felicidad invadió mi cuerpo...allí estaba yo 15 años después en el mismo lugar donde había acabado más de un sábado por la mañana...todo estaba igual, todo olía igual, era yo el que había cambiado.

Nos ponemos en marcha y comenzamos a callejear por el centro de Granada, zona de la catedral, de derecho, mercado de frutas de todos los colores y sabores...Juanito decide ir a reciclaje en busca de un libro con la historia de Granada, pero la historia vista desde el otro lado, otra visión, otra perspectiva...

El camino del darro, el paseo los tristes, la cuesta el chapiz...cada calle un recuerdo, un momento, una experiencia...decidimos subir a la plaza de San Miguel bajo a degustar alguna de sus estupendas raciones, mientras de repente nos sorprende otra tormenta, pero nos da igual, no nos importa mojarnos, nada estropea este fin de semana, alrevés, todo es bienvenido...Comenzamos el descenso y sin saber exactamente por dónde bajar, nos dejamos llevar por nuestros ya cansados pies, guiados y ayudados por la fuerza de la gravedad siempre muy generosa en los cambios de nivel. Llegamos a los Italianos, nos tomamos un helado como postre y colofón de esta tarde granadina.

Hemos descansado un rato, Juan y Laurenne han partido, pero nosotros tenemos otra cita, esta vez con Cristina, la alocada prima de Afri. Después del alegre encuentro en la esquina de Plaza Nueva charlamos (bueno más bien Cristina es la que lleva la voz cantante) y nos reimos recordando viejas historias. El tiempo ha pasado, pero salvo alguno que otro, todos estamos igual y buscamos y deseamos las mismas cosas. Es entonces cuando realmente me doy cuenta de que he pasado una etapa y de que ahora llega otra más interesante si cabe...



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